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By J. J. Benitez

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The Brothers Karamazov and the Poetics of Memory

The Brothers Karamazov is Dostoevsky's final and most intricate novel. It represents the fullest expression of his quest to accomplish a literary paintings which might exhibit the dilemmas and aspirations of his time and likewise characterize the everlasting, absolute values he perceived within the Christian culture. Diane Thompson's learn makes a speciality of the that means and poetic functionality of reminiscence within the novel, and seeks to teach how Dostoevsky used cultural reminiscence to create a synthesis among his Christian perfect and paintings.

Tragedy and the tragic in German literature, art, and thought

The numerous catastrophes of German heritage have frequently been defined as tragic. as a result, German literature, track, philosophy, portray, or even structure are wealthy in tragic connotations. but precisely what "tragedy" and "the tragic" might suggest calls for explanation. The poet creates a undeniable crafty form and trajectory for uncooked event by way of "putting it into words"; yet does placing such event into phrases (or work or song or the other shape) betray soreness by way of turning it into mere paintings?

Edith Wharton: Traveller in the Land of Letters

'. .. during this learn, Goodwyn units the normal for Wharton feedback. ' - Judith E. Funston, American Literature 'Janet Goodwyn units out, through Wharton's appropriation of alternative cultures, to nail the 'canard' that she was once 'but a faded imitator of Henry James' - Hermione Lee, occasions Literary complement `The Land of Letters used to be henceforth to be my nation and that i gloried in my new citizenship'.

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No pude articular una sola palabra más. El terror anudó mi garganta. Colgado y balanceándome bregué por izarme hacia el salvador travesaño. Otro siniestro crujido me descompuso. Temeroso de que se quebrara, opté por avanzar, valiéndome de las manos y del impulso del cuerpo en el vacío. El siguiente poste vertical no se hallaba muy lejos. Si lograba alcanzarlo, suponiendo que los restantes maderos horizontales no hubieran sufrido la misma suerte que el anterior, podría asentar de nuevo mis pies y recuperar el pulso.

Me contemplé de abajo arriba y el viejo sentimiento de frustración vino a mezclarse con el asco. Apestaba. Sin proponérmelo, encarado al sol, caí en la tentación de analizar y justipreciar cuanto llevaba recorrido e investigado. El enigma continuaba virgen, distante y sellado. No había ganado un solo paso. Al contrario. Todo estaba consumado. Perdido. No me sentía con ganas de proseguir ¿Para qué? 44 Hazor era un fracaso. Aquellos, sinceramente, fueron los minutos más decepcionantes de toda mi aventura en Israel.

Ahora, al recordar tamañas desventuras, no puedo por menos que sonreír. El mayor, casi con seguridad, había visitado las ruinas de Hazor. Sin yo saberlo, al manejar el cómputo de los peldaños, había acertado. Pero, absorto en el hallazgo, perdí de vista un factor, inherente al mayor y a sus enigmas: su natural inclinación al juego del despiste... Admitiendo la forzada tesis de que tales rampas de tierra fueran las «alas» del «mensajero», y de que el número secreto fuera el seis, dichas escalinatas tenían que llevarme al «guía».

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